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¿Qué está pasando con la Alta Costura?

Me habéis preguntado dónde está el análisis de la Semana de la Alta Costura que se celebró hace pocas semanas y por qué no he subido nada y, la verdad, es que no sabría ni qué decir. La realidad es que esta última Semana de la Alta Costura de París, la de otoño invierno 2024, pasará a la historia como la más aburrida (al menos apara mí) y la pregunta es ¿Cómo narices puede ser aburrida la Alta Costura? ¿Qué está pasando?

En principio, la Alta Costura eran prendas hechas a medida, el único tipo de prendas que vendían las firmas de lujo y que consumían las que se lo podían permitir, hasta que llegó el prêt-à-porter y todo esto cambió. Ahora, la moda que se consume (incluso entre la clientela del lujo) es el prêt-à-porter y la Alta Costura ha pasado a cumplir otra función muy diferente.

A día de hoy, la Alta Costura es la gran estrategia de marketing de las firmas, algo utilizado más bien para posicionares que para vender sus piezas directamente. Gracias a la Alta Costura, las firmas mantienen su estatus por encima del resto y esto les permite justificar precios en otro tipo de productos. Al fin y al cabo, Chanel no podría vender una paleta de sombras de ojos minúscula por casi 70€ si no fuera Chanel, y Chanel no sería Chanel si no hiciera Alta Costura, con todo lo que ello representa.

Además, la Alta Costura, al no estar tan interesada en su venta o utilidad real, permite a los diseñadores fantasear más de la cuenta. Sí, la alta costura debe ser técnicamente extraordinaria, para eso están las condiciones de la Chambre Syndicale de la Haute Couture (el organismo que regula la Alta Costura) que decide qué es alta costura y qué no. Pero, además de la artesanía y el trabajo manual exquisito, la Alta Costura también es, o al menos era, ese espacio de prendas de ensueño para los que poca gente tendría eventos o ocasiones acorde en toda su vida, representa (o representaba) lo más top de lo top y, generalmente su uso se limitaba ya a alfombras rojas y editoriales de moda (además de los clientes directos, en gran parte archimillonarios del continente asiático).

Pero, ¿a qué viene toda esta tabarra sobre qué es y qué no es la Alta Costura? Pues básicamente a que ya no entiendo cuál es su función y esta última Semana de la Alta Costura de París ha sido el ejemplo perfecto. Una Semana de la Alta Costura que nadie recordará en unas pocas temporadas, sin nada remarcable ni ninguna colección (ni siquiera prenda) que nos haya dejado con la boca abierta, una semana que pasa de largo como cualquier otra semana, una oportunidad perdida más.

Por eso, no puedo más que preguntarme ¿qué le está pasando a la alta costura? Porque si ya no cumple la función de ser la mayor acción de marketing que una firma pueda realizar, ni nos sorprende y nos hace soñar con prendas que nos daría miedo incluso tocar por si les haces daño, ¿para qué sirve todo esto? Personalmente, esta es la única conclusión que saco de esta Semana de la Alta Costura de París, porque ya han pasado un par de semanas y, lo cierto es que ya casi la he olvidado.

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